Ibagué Ciudad Musical
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29 Sep 2019 11:33 AM

Ibagué: la ciudad sin atributos

Alerta
Tolima
@AlertaTolima
La crítica debe hacerse a tiempo; no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar sólo después de consumados los hechos.

Por: Fabian Zarta

Desde que yo estaba en colegio se decía que Ibagué estaba en un sector privilegiado del país; pues se hallaba exactamente por donde debían pasar las grandes cargas hacia los extremos de país. Desde allí se le empezó a nombrar como “Centro Logístico de Colombia”. Ya hace más de 10 años de esto, y hoy siguen diciendo lo mismo. Igualmente, las universidades intentaban superar su pensamiento empresarial, pero tampoco lo lograron, siguen con el mismo cuento de que hay que crear empresas (hablo de la universidad no de los colegios); y por último, las empresas se han venido aprovechando de todo este asunto para esclavizar a los universitarios con el pretexto de las “prácticas profesionales” … que empresarios tan desvergonzados y que universidades tan desastrosas.

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Ser prudente con la crítica de estos aspectos que menciono es imposible y me atrevo a preguntar con desconsuelo: ¿Por qué no hay fuerza crítica en el Tolima? Esto me lleva a otra pregunta: ¿Qué pasa con la academia, los empresarios, y la sociedad? Trataré de entender estos hechos y no defender la ciudad por más que la estime; asumiendo la crítica como un hecho que permite poner en evidencia los problemas profundos que la sociedad ibaguereña evade sin hacerle frente, aunque pareciera simplemente que no quieren verlos.  

Empezaré por decir que el capitalismo ha transgredido las paredes de las universidades, logrando que la academia pase a segundo plano, es decir que el pensamiento crítico del profesorado se ha convertido tristemente en lo que el currículo y los proyectos extraclase le indiquen. Ciertamente, se ha perdido gran parte de la filosofía del docente gracias a la tendencia a que el maestro se enfoque únicamente en dictar su catedra, dejar trabajos o indicar como crear una empresa desde el área disciplinar; todo esto no es más que la clara evidencia de que enseñar a pensar es un hecho atrevido y contrario a lo establecido en los ambientes universitarios contemporáneos.

¿Dónde quedaron los docentes críticos? Tal vez se los comió la burocratización de las universidades; y que, por cierto, ya no merecen ser llamadas universidades sino colegios superiores, porque imitan exactamente lo que las instituciones de educación media y básica hace con sus alumnos: empezar una empresa en 9° grado y presentarla como trabajo de grado en 11°. En serio, esto no está ayudado a formar un pensamiento científico, ni siquiera un pensamiento empresarial. Lo que se esta haciendo con la sociedad ibaguereña no es sino una formación de masas, pero sin competencias ciudadanas.

Además, este hecho de enviar a los estudiantes practicantes como borregos a las empresas de la ciudad a regalar su tiempo es un error grandísimo que promueven las universidades, pues adonde deberían ir los futuros profesionales es a las comunidades, al campo de práctica respectivo (ciudadanía, laboratorios, resguardos indígenas), donde puedan dar cuenta de los conocimientos aprendidos, no a una oficina donde pasan la tarde haciendo lo que otro empleado más de la empresa indique como llenar formatos o mantener contento al jefe; a eso le llaman “práctica profesional” ¡vaya práctica! Entonces no están formando profesionales o empresarios, sino material de guerra para las empresas.

El efecto que todo esto causa es que la configuración social en Ibagué es nula frente al pensamiento crítico, y eso desemboca en que los estudiantes, docentes y personas del común no se cuestionen frente a los hechos políticos y culturales de la ciudad y la región. De manera que, como estructura societal nos estamos quedando, como diría Wendy Brown, sin atributos.

Pero no todo es malo y tampoco vengo a generar pesimismo, sino realismo. Entonces, la cuestión está en cómo construir los atributos que permitan ser a Ibagué una ciudad crítica; con una crítica argumentada que permita evidenciar con hechos concretos las acciones de la academia en la cultura y el pensamiento crítico en los ciudadanos, como también fortalecer las estructuras micropolíticas al interior del territorio.

Una de las primeras cosas que quiero decir, es que la ciudad necesita más docentes sencillos y humildes que evoquen un pensamiento potente en la interacción con sus estudiantes, familiares, y compañeros de trabajo. Como bien reconozco lo hace la profesora Milagros Triana, a quien le debo que me haya enseñado a observar más allá de lo evidente y, sobre todo, lo que hay entre líneas tanto en el texto como el contexto. Como ella y otros tantos buenos docentes con que cuenta la ciudad es posible construir un pensamiento alternativo que retome la vieja filosofía universitaria de poner sobre la mesa los temas coyunturales de la ciudad y discutirlos a profundidad buscando formas posibles de solución.

Sobre la formación empresarial hay mucho que decir; sin embargo, considero que llenar formularios y llevar cuentas no es la mejor forma de gestar empresarios; pienso que las carreras administrativas deben formar en el pensar filosófico, para que sus profesionales logren plantear retos estratégicos que remuevan las estructuras micro y macroeconómicas de la región con el fin de dinamizar la economía. A eso llamo yo un verdadero administrador, lo demás es perdida de tiempo. Para el resto de las profesiones como psicólogos, médicos, y disciplinas cercanas a la cientificidad, deben ir a los respectivos campos, pero siempre desde una perspectiva reflexiva como herramienta que les permita cuestionar lo que encuentran en su contexto; eso de alguna manera permitirá modificar una mínima parte de la estructura comunitaria, desde ahí, desde lo contextual, desde lo experiencial.

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Todo lo anterior se traduce en lo que se podría denominar cultura crítica frente al devenir y las demandas del territorio ibaguereño. Dicha configuración social se evidenciará si se actúa con agallas desde la academia, y se empiezan a tomar o retomar con mucha más seriedad todo lo que ocurre en las calles, lo que nos atraviesa como seres humanos, como ciudadanos. Se que existen muchas más cosas que pueden cambiar o mejorar el entorno de esta maravillosa ciudad, pero considero, para este caso específico, que la crítica es un paso oportuno para avanzar en el pensamiento social y con esto me uno a lo que decía Montesquieu “El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor”.