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¡Hágame el bendito favor!

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¡Hágame el bendito favor!

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Por: Senador Miguel Angel Barreto

La defensa a ultranza de las importaciones y del mercado asiático y africano, parecer ser la consigna de algunos gremios económicos que han amenazado con demandar la aprobación del arancel del 37.9% para proteger las confecciones colombianas por parte del Congreso y refrendado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). El mensaje de asociaciones como Analdex, Andi y Fenalco no puede ser más difuso y contradictorio frente a la industria nacional.

De una parte, en sus principios misionales, estos gremios, que se dicen defender la producción nacional y el libre mercado, parecen estar más preocupados por mantener los salarios de hambre que se pagan en países como China, Bangladesh y Vietnam, entre otros, que no superan los 50 dólares mensuales, en donde de manera ruin explotan a los trabajadores de las maquiladoras. Seguramente en sus mentes y postulados es más significativo mantener estas cadenas de hambre y explotación al otro lado del mundo, que impulsar y proteger las manufacturas colombianas, cuyos empleos, en el caso de las confecciones y textiles, supera el millón de personas y sus respectivas familias.

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Como se estableció en los debates realizados en el Congreso, en el país hay unas 60 mil, entre pequeñas y medianas empresas, registradas en cámaras de comercio, que dependen su sustento y permanencia en el mercado de las confecciones, que pagan impuestos, educan a sus hijos y pueden mercar y pagar servicios públicos de su trabajo; sin embargo para estos ‘gremios económicos’ resulta prioritario defender a tan solo 42 empresas, entre estas, las grandes superficies, que son las que compran inusitados volúmenes de prendas en el oriente del mundo a precios baratos para introducirlos a conveniencia en mercados menores o emergentes como el nuestro.

Como resulta obvio, muchas de estas compañías, además de tener un enorme poder económico, son sus afiliados, y sostienen estos grupos que actúan, piensan y esgrimen argumentos a conveniencia y dependiendo de la coyuntura. Como esbirros del poder transnacional los dirigentes gremiales salen a amenazar con demandas y a esgrimir retaliaciones respecto al aumento de los precios de las prendas de vestir en un 25 por ciento, confundiendo y engañando a la opinión pública, pues es bien sabido que nuestras empresas están en condiciones de maquilar productos de alta calidad y con precios ajustados al mercado nacional.

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Falaz es también aquello que el país se expondría a sanciones por parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pues con estos países no hay tratados comerciales vinculantes y las exportaciones a Asia y África son incipientes y su participación apenas marginal.

El mensaje de los gremios es equivocado. Vale que contesten ¿cuál es su prioridad en materia de empleo, desarrollo y competitividad: si la empresa e industria colombiana, que responsablemente paga impuestos o los importadores que transan millones de dólares en los mercados y principales bolsas del mundo sin que les importe la producción de ningún país?, y cuya única lógica es comprar muy barato grandes volúmenes de mercancías para obtener después enormes ganancias, de acuerdo con la oferta y la demanda de países como el nuestro, cuya principal debilidad está en los desórdenes y fragilidades de su sistema productivo. Brasil, México y Argentina, nos dan ejemplo en materia de protección a la agricultura y en los productos manufacturados.

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Estoy seguro que cualquier colombiano con una sana lógica entiende que la producción de un país está por encima de los intereses de un puñado de 42 empresas y de unas corbatas, que, como ventrílocuos, se amparan en los derechos de los consumidores, para mandar al diablo, la sana lógica empresarial que prioriza las actividades productivas de un país, que es donde verdaderamente está la riqueza de una economía.

Por el momento, la realidad sigue superando la ficción y de Colombia se podría decir que es un país en donde los más interesados en fortalecer las exportaciones se desgarran sus vestiduras por las importaciones, ¡hágame el bendito favor!

Este artículo obedece a la opinión del columnista / Reproducción autorizada por el autor

 

 

 

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